dimecres, 16 de setembre del 2026

EL PODER DE LO BREVE I- TALLER DE RELATOS BREVES Y MICRORRELATOS


 

20 comentaris:

TOMAS MORENO ha dit...
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TOMAS MORENO ha dit...

Tiempo perdido.

Miguel Ángel Albero

Y de repente la vi, traspapelada entre un amasijo de papeles y facturas. La carta que estuve esperando ansiosamente día a día durante años, o más bien décadas. ¿Quién la dejaría allí? Databa de junio de 1993, apenas unas semanas después de su despedida, y procedía de Nueva York. Cuando se marchó me juró que antes o después se pondría en contacto conmigo, y lo cumplió. Así pues, estuve esperando innecesariamente la llegada de alguna carta, de alguna llamada telefónica. En aquella época no había otros medios de ponerse en contacto.

Aquellas tardes juntos en mi habitación. Su cara pecosa, su cabello rizado… La eterna espera me convirtió en un un ser taciturno y huraño. Hasta que un día decidí no esperar más y, con la ayuda de un terapeuta, traté de olvidarla y reencauzar mi vida.

El sobre contenía una nota muy breve. “Hola Carlos. Apenas han pasado dos semanas y te echo mucho de menos. Te prometí que te escribiría y aquí estoy. Quiero que sepas que dejaste una huella imborrable en mi corazón. Pero la vida sigue. He conocido a alguien aquí en Nueva York y he decidido establecerme con él en su apartamento en Brooklyn. Deseo que las cosas te vayan bien. Besos de Patricia”. Corto y directo. Lo suyo nunca fue la prosa. Hice una bola con el papel y lo encesté en el cubo de basura. Fin de la historia.

TOMAS MORENO ha dit...

LA LLAMADA

ME HE DESPERTADO TARDE. Ayer me quedé corrigiendo los exámenes de segundo de BUP. Todavía hay alumnos que cometen faltas de ortografía flagrantes. Después de calentarme la leche y mezclarla con una ración generosa de Cola Cao me he sentado en la mesa de la cocina a desayunar.
Sí, hoy es 24 de Octubre. Hace diez años, un tsunami de agua y barro arrastró y engullo a Braulio. Tardaron dos meses en encontrarlo, enredado entre las cañas de la Albufera. Con él desparecieron el pádel de los sábados, las parrilladas argentinas en el patio trasero de su casa de Paiporta, las risas contagiosas de Claudia, su mujer … Los diez años trascurridos han ido difuminando esos recuerdos que ocasionalmente aparecen en mis sueños
Suena el móvil …, no reconozco el número, pero lo descuelgo… me quedo helado. ¡Es Braulio!, que con su acento argentino pregunta:
- ¡Che, pibe! ¡Te estamos esperando donde el quiosco de Mario, para el “esmorsaret” en La Pascuala!. ¿No te acordás?

Paco Orovitg. 27-10-2026

TOMAS MORENO ha dit...

Fernando Martín Zuriaga
EL TENDEDERO, LA SOTANA Y EL TANGA
Aquella mañana se levantó y al mirar por la ventana vio algo extraño en el tendedero. Lo miró durante un rato. Había un tanga rojo colgado junto a su sotana. Se anudó el batín con firmeza y llamó a Petronila sofocado.
—Van a decir que es mío y acabamos de mudarnos. Es una provocación, Petronila.
—Señor, yo no sé. Estaría en el cesto.
—Petro, sé discreta, reina.
***
Aquella mañana me levanté y al mirar por la ventana vi algo extraño en el tendedero. Alguien había colgado una sotana junto a mi ropita interior. Pensé en una señal divina y me sonreí. Yo comparto cuerda con el de enfrente. O sea, que el nuevo vecino es cura y está arrimando su sotana a mi tanga. Todos los tíos son iguales.
——————————————————————
Fernando Martín Zuriaga
¿ESTO NO SE VA A LLENAR NUNCA?
Aquella mañana me levanté y al mirar por la ventana pude distinguir a un par de individuos con uniforme asomados a una alcantarilla junto a unos conos naranjas. Hablaban entre ellos cuando uno empujó al otro y lo tiró al interior. Colocó la tapa en su lugar, recogió los conos y se marchó.
A la mañana siguiente, al mirar por la ventana, vi de nuevo a dos individuos uniformados. Uno de ellos señalaba al interior de la alcantarilla. El otro le miraba y asentía. Parecía indicarle que bajara, pero como no se decidía o no entendía, lo zancadilleó y lo arrojó.
Apoyé las palmas sobre el cristal. “¿Dios, esto no se va a llenar nunca?”
A la mañana siguiente no me quise levantar. Luego llamé a Petronila y le pedí que se asomara.
—¿Qué ves?
—Señor, yo no veo nada.
—¿Cómo que nada? ¿No ves nada extraño?
—¿Qué hay dos tíos trabajando en una alcantarilla?
—Sí, eso. No los pierdas de vista y dime qué hacen.
—No hacen nada, señor. No se levante más y olvídese.
Petronila salió a preparar el desayuno. Me levanté y miré. Dos obreros se estaban comiendo sus bocatas con las piernas colgando en la alcantarilla. Uno le sostuvo el bocata al otro. El que tenía las manos libres se puso de pie. “Va a ser ahora, ya verás”, me dije.
—Señor, ¿qué le he dicho? —me interrumpió.
Petronila bajó la persiana de golpe, que cayó como una guillotina. Medio a oscuras y asustado, me condujo a la cama.

TOMAS MORENO ha dit...

Aquella mañana me levanté y al mirar por la ventana vi algo extraño que me llamó la atención. La luz de la mañana era diferente, como si un filtro etéreo hubiera cambiado los colores naturales. Los viandantes estaban parados en posición de movimiento, los coches no se movían, las copas de los árboles eran de color gris oscuro. Intenté salir de casa, pero me costaba despegarme de la ventana. Entonces vi que unos gigantescos dedos cogían la esquina superior derecha de la imagen que estaba viendo y, como pasando una página, apareció ante mis ojos la celebración del triunfo del campeonato del mundo.
Una voz serena y grave dijo:
- Acuéstenlo. El exceso de alcohol en sangre puede provocar delirios. ¡Menuda turca cogió el tipo con el dichoso mundial!


Aquella mañana se levantó y al mirar por la ventana vio algo extraño que le llamó la atención. Se acercó a la ventana y se quedó mirando fijamente. Miraba a derecha e izquierda una y otra vez como extrañado, incrédulo. Ante sus ojos vio una imagen fija, en blanco y negro y sin movimiento, de una escena cotidiana de la calle. Se miraba los pies y miraba al exterior, pero ahí seguía. Quería salir de casa, pero no podía despegarse de la ventana. Entonces los ojos se le llenaron de espanto al comprobar que toda la calle se tornó en la instantánea de la celebración del triunfo del campeonato del mundo.
Una voz serena y grave dijo:
- Acuéstenlo. El exceso de alcohol en sangre puede provocar delirios. ¡Menuda turca cogió el tipo con el dichoso mundial!


DANIEL MOLINA

TOMAS MORENO ha dit...

EL PARAGUAS ABRIÓ LA HERIDA

Versión en primera persona:

Aquella mañana me levanté y al mirar por la ventana vi algo extraño… Había un paraguas negro abandonado justo en medio del jardín, abierto bajo un sol de justicia. Recordé de inmediato el día del entierro de mi madre, cuando el cielo amenazaba tormenta y nadie lloraba del modo en que yo lo necesitaba. Sentí un vuelco en el estómago, un temblor antiguo que creía sepultado bajo el paso de los años y las tazas de café humeantes de cada mañana. Pisé descalza el césped, con el pijama aún puesto, temiendo descubrir que al cerrar el paraguas el tiempo, en realidad, nunca hubiese avanzado.



Versión en tercera persona

Aquella mañana se levantó y al mirar por la ventana vio algo extraño… Había un paraguas negro abandonado justo en medio del jardín, abierto bajo un sol de justicia. Recordó de inmediato el día del entierro de su madre, cuando el cielo amenazaba tormenta y nadie lloraba del modo en que ella lo necesitaba. Sintió un vuelco en el estómago, un temblor antiguo que creía sepultado bajo el paso de los años y las tazas de café humeantes de cada mañana. Pisó descalza el césped, con el pijama aún puesto, temiendo descubrir que al cerrar el paraguas el tiempo, en realidad, nunca hubiese avanzado.
ISA TÓRTOLA

TOMAS MORENO ha dit...

SORPRESA
I
Aquella mañana me levanté como siempre de buen humor, miré por la ventana para ver
qué día tendría. Perfecto me pareció, pero, algo llamó mi atención. ¿Dónde estaban los
coches que anoche estaban aparcados en la calle?
Apenas había cuatro coches, y los pocos estacionados eran coches negros, cuadrados,
con estribo. Me parecían de los años cuarenta o cincuenta; al menos así recordaba yo los
coches de mi padre de esa época.
Sorprendida quise vestirme rápidamente para averiguar qué estaba pasando.
Abrí mi armario y … ¡sorpresa! Lo que podía ver dentro era igual a la ropa que yo lucía
a los ocho años.
¡Dios mío! ¡Mi ropa ha desaparecido!
II
Aquella mañana se levantó como siempre de buen humor, miró por la ventana para ver
qué día tendría. Perfecto le pareció, pero algo llamó su atención. “¿Dónde estaban los
coches que anoche estaban aparcados en la calle?”, se dijo.
Apenas había cuatro coches y esos pocos estacionados eran coches negros, cuadrados,
con estribo. Parecían de los años cuarenta o cincuenta. Así recordaba ella los coches de
su padre de esa época.
Sorprendida se vistió rápidamente para averiguar qué estaba pasando.
Abrió su armario y … ¡Sorpresa!, Lo que podía ver dentro era la misma ropa que ella
lucía a los ocho años.
“¡Dios mío!”, exclamó. Su ropa había desaparecido
ROSA VIGUER

TOMAS MORENO ha dit...

Aquella mañana me levanté y al mirar por la ventana vi algo extraño…un tumulto de gente se arremolinaba alrededor de una persona que yacía en el suelo, el corazón me dio un vuelco, presentí que era mi padre que como cada día nos dejaba una barra de pan, baje echo un loco con el pijama puesto y los peores presagios se concentraron en la cara del sanitario que lo atendía y que negaba con la cabeza a un compañero.





Aquella mañana se levantó y al mirar por la ventana vio algo extraño, solo había un coche aparcado en toda la calle, tenía las lunas tintadas, cuando echo mano de su pistola , una bala le atravesó la cabeza.
CAYETANO MANCHÓN

TOMAS MORENO ha dit...

El sustituto (Relato en primera persona)
Aquella mañana me levanté y al mirar por la ventana vi algo extraño: un hombre
idéntico a mí esperaba el autobús de las ocho. Llevaba mi abrigo gris y los zapatos que
había perdido el invierno pasado.
Sonó el teléfono. Era mi madre, muerta hacía diez años.
—Date prisa —dijo—. Hoy te sustituye él.
Cuando bajé a la calle, el hombre ya se había marchado. Al volver a casa encontré
una taza de café caliente y una nota escrita con mi letra: «No te preocupes. Ya me
encargo yo».
Desde entonces, cada día recuerdo menos cosas. Esta mañana he vuelto a mirar por la
ventana. El hombre esperaba el autobús, con mi abrigo y mi maleta.
Antes de subir, ha alzado la cabeza y me ha saludado. He querido responderle, y
cuando ha levantado la mano he visto que llevaba puesto el mismo abrigo gris.
He mirado hacia el perchero. Estaba vacío.
El autobús se ha marchado. En el cristal ha quedado mi reflejo, inmóvil, con la mano
levantada.
Detrás de mí, alguien ha cerrado la puerta de casa con llave.
El sustituto (Relato en tercera persona)
Aquella mañana se levantó y al mirar por la ventana vio algo extraño: un hombre
idéntico a él esperaba el autobús de las ocho. Se vestía con su abrigo gris y los zapatos
que había perdido el invierno pasado.
Sonó el teléfono. Escuchó la voz de su madre, muerta hacía diez años.
—Date prisa —dijo—. Hoy te sustituye él.
Cuando bajó a la calle, el hombre ya se había marchado. Al volver a casa encontró
una taza de café caliente y una nota escrita con su propia letra: «No te preocupes. Ya
me encargo yo».
Desde entonces, cada día recuerda menos cosas y esto le preocupa. A la mañana
siguiente volvió a mirar por la ventana. El hombre esperaba el autobús, con su abrigo y
su maleta.
Antes de subir, el hombre alzó la cabeza y le saludó. Queriendo responderle, cuando
levantó la mano comprobó que llevaba puesto el mismo abrigo gris.
Miró hacia el perchero. Estaba vacío.
El autobús se marchó. En el cristal quedó su asombrado reflejo, inmóvil, con la mano
levantada.
En aquel momento, alguien cerró la puerta de la casa con llave.
CARMEN MORATÓ

TOMAS MORENO ha dit...

RELATO EN PRIMERA PERSONA
Se había quedado dormida mientras leía y se despertó sobresaltada.
Se levantó del mullido sofá y se dirigió a la cocina para preparar la cena.
Tuvo que encender la luz y se extrañó. Ayer a la misma hora aún entraba
algún rayo de sol por la ventana.
Comprobó su reloj y funcionaba perfectamente. No recordaba que
hubieran anunciado un nuevo eclipse. Quizás no había subido las persianas
cuando llegó a casa. Se apresuro para comprobarlo y todo estaba en orden.
Miró confusa a través del ventanal. En su calle había el mismo bullicio de
siempre, pero las farolas estaban encendidas.
No puede ser -pensó- dijeron que no volverían a cambiar la hora.
RELATO EN PRIMERA PERSONA
Cada mañana agradezco no tener que levantarme temprano para ir a
trabajar. Lo primero que hago es abrir la ventana y respirar profundamente.
Pero hoy he percibido algo extraño: mi vecina está en su cocina.
Mi cabeza empieza a dar vueltas. ¿Se habrá dormido o tendrá el día
libre?, ¿Estará enferma o quizás sea su hijo el que está malito?, ¿Me visto y
voy a preguntarle si me necesita o le molestará?
En medio de mis cábalas oigo la campana de la Iglesia llamando a
misa.
Ana Mª García Azuaga

Anònim ha dit...

El retrato

Miguel Ángel Albero

Aquella mañana me levanté y, como de costumbre, acudí a mirar por la ventana y encontré algo muy extraño. Alguien había dejado pegado un papel adhesivo en el cristal por su cara interior. En él decía “Ve a la puerta”. Estupefacto me dirigí a la puerta del dormitorio. No había nada, pero un poco más adelante en el pasillo, pegado en la pared, vi otro adhesivo de mayor tamaño: “Te espero en la puerta”.

Me quedé inmóvil un instante, tratando de comprender aquella absurda situación. La curiosidad superó, no por mucho, al desconcierto. Me acerqué a la puerta de entrada, a través de la mirilla no se veía a nadie. Abrí despacio. El pasillo estaba desierto; en el suelo había una pequeña caja. Metí la caja dentro de mi apartamento para examinarla con cuidado. Dentro había una foto de Silvia. La mujer con la que compartí tres años de mi vida hace ya tiempo. La mujer que murió fruto de mi imperdonable negligencia.

Un sudor frío afloró en mi frente, el suelo se desvanecía a mis pies. Aquello no podía ser cierto, tenía que ser un sueño. Cerré los ojos y los volví a abrir, pero el retrato seguía en mis manos. Entonces reparé en algo que había escrito en el dorso: “Ahora te toca a ti esperar”. En ese momento todo empezó a desaparecer. La foto, la caja, los adhesivos…

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Propuesta: Aquella mañana me levanté y al mirar por la ventana vi algoextraño…Aquella mañana me levanté y al mirar por la ventana vi algo extraño.Una gran mancha amarilla y negra se movía dentro de la verde hojarascaque se agitaba frente a la fachada.Me puse las gafas y, no sin asombro, descubrí la cabeza de una jirafa queramoneaba entre las ramas de la acacia, cuya única labor hasta ese díahabía sido la de dar sombra.Me quedé paralizada. Parpadeé varias veces para convencerme de que noestaba soñando. No lo estaba. El animal, lejos de asustarse, continuójugueteando con las hojas para cortar y deglutir los brotes más tiernos.No podía apartar los ojos de su enorme y morada lengua que, como si deun dedo gigante se tratara, seleccionaba con delicadeza su alimento sindañar el resto de la planta.El tiempo se desvaneció.Una hora o varias después, cuando el majestuoso animal se cansó de pescarhojas, desapareció de mi vista y su hechizo se disipó.En la radio, una locutora comentaba no sé qué de un jaqueo informático.Aquella mañana se levantó y al mirar por la ventana vio algo extraño…Aquella mañana se levantó y al mirar por la ventana vio algo extraño. Lasramas de la acacia que vive frente a su casa se agitaban violentamente apesar de no soplar ni una brizna de aire. Desapareció un instante parareaparecer ataviada con sus gafas de pasta.La cabeza de una jirafa ramoneaba las hojas del árbol, cuya única laborhasta ese día había sido la de dar sombra.Se quedó inmóvil. La sorpresa o el miedo la paralizaron. Parpadeó variasveces, como para convencerse de que no estaba soñando.La jirafa, sin percatarse de su presencia, continuó jugueteando con lashojas, para cortar y deglutir los brotes más tiernos.Ella parecía hipnotizada. Sus ojos no se despegaban de la enorme y moradalengua prensil que, como un dedo gigante, seleccionaba con delicadeza sualimento sin dañar el resto de la planta.El tiempo pareció desvanecerse.Tres horas después, cuando el majestuoso animal se cansó de pescar hojas,emprendió la marcha, desapareció de su vista y el hechizo se disipó.En la radio, una locutora comentaba no sé qué de un jaqueo informático.OLGA G

TOMAS MORENO ha dit...

AQUELLA MAÑANA
I
“Aquella mañana me levanté y al mirar por la ventana vi algo extraño…”
No estaban. Me sorprendió que no hubieran iniciado su tarea. Su ausencia no
parecía justificada, cuando cada día acuden puntuales a la plaza. El silencio les
delataba. Y no llovía. En su calendario laboral sólo se producen dos excepciones, el
Día del Trabajo y el primer día del año.
Las cubas del agua no estaban tampoco. Pensé que ante una ciudad tan limpia les
habrían dado un día de asueto. ¿Una huelga? No había habido una convocatoria.
Miré el reloj, eran las dos de la madrugada.
II
“Aquella mañana se levantó y al mirar por la ventana vio algo extraño…”
Subió la persiana unos cuantos centímetros y abrió las dos hojas. Asomó la cabeza
para cerciorarse de que, en efecto, no había nadie. Se sorprendió convencido de
que nada justificaba su ausencia. El silencio se imponía. Definitivamente estaban
ausentes, y no tocaba cuando ni era el Día del Trabajo, ni el primero de enero, sus
dos días festivos.
Pensó que les habían dado un día para asuntos propios, dado que la ciudad estaba
limpia y se habían ganado ese premio. No hay noticia de convocatoria de huelga, se
dijo. Buscó las cubas del agua, pero no las encontró.
Miró el reloj, eran las dos de la madrugada.
FRANCESC

TOMAS MORENO ha dit...

Aquella mañana me levanté y al mirar por la ventana vi algo extraño…
La tierra se abría y escupía fuego. Por fin había llegado el día. Volví apresuradamente a mi dormitorio, y busqué mis alas negras. Tanto tiempo esperando este momento…
Ellos eran mis amigos, camaradas con quienes había compartido, durante años, penalidades sin fin en aquellas selvas agobiantes de Viet Nam. Había llegado a considerarlos mis hermanos. Había tratado de convercerlos, cuando yo mismo había conseguido abrir los ojos, de ver la luz. Había intentado sacarlos de su estúpida creencia en una salvación que no había de llegar por el camino que les habían inculcado desde pequeños.

Y sin embargo, ¿qué había recibido a cambio…? Cuántas burlas había soportado desde hacía algunos años. Al principio pretendían ser bromas inocentes. Pero al cabo se habían convertido en mofas y desdén. Miradas de soslayo. Cuchicheos cada vez menos disimulados. Excusas vagas, voces trémulas, tics nerviosos que delataban la turbación de quien iba a evitar, desde ese momento, un nuevo e incómodo encuentro. Poco a poco, aquella familia que había sido mía, me dejaba solo.

Mientras cerraba el armario, unos alaridos infernarles anunciaron la presencia de la compañera del Ángel Caído. Corrí de nuevo hacia la ventana, y allí estaba ella, elevándose majestuosa hasta mí. Allá abajo, dos enormes y espantosas criaturas, rojas como la sangre de un recién nacido, agitaban sus negros tentáculos, mientras la gente corría inútilmente en busca de refugio, despavorida.
Astarté me miraba con sus ojos de obsidiana y olivino, envuelta en un halo de azufre increíblemente hermoso. Extendiendo sus brazos hacia mí, me invitaba a acompañarla en la inminente orgía de destrucción y muerte que se había de abalanzar sobre todas aquellas pobres criaturas que habían creído, ciegamente, que no había de regresar a este mundo, a reclamar su reino.

Subí al alféizar, y me lancé hacia ella.
J García

TOMAS MORENO ha dit...

Aquella mañana se levantó y al mirar por la ventana vio algo extraño…
Un incipiente incendio se había desatado, al parecer, en el pequeño restaurante de Charly. Allí se daban cita, frecuentemente, algunos de los veteranos que habían tenido la suerte de conseguir una diminuta vivienda social en el edificio que se alzaba sobre el local de comida rápida. Leo Kowalsky tenía buenos amigos entre ellos, aunque en los últimos años el distanciamiento había hecho que su presencia se hiciese más y más infrecuente, y su carácter más voluble e imprevisible, sumamente agitado en ocasiones, taciturno en otras.
Sus antiguos compañeros de armas, que al principio lo consideraban tan solo un excéntrico, lo evitaban cada vez más, y Leo prefería pedir algo de comida para llevar, y volver a su apartamento sin cruzar palabra.
El fuego, esta vez, tenía una voracidad inusitada. Ya era el tercer incidente en menos de un año, aunque en las dos ocasiones anteriores no había pasado de pequeñas humaredas en la salida de humos, que se habían saldado con amenazas de clausura del local si el problema no se solucionaba. Y todo el mundo sabía que los inspectores de sanidad rara vez eran tan condescendientes.
Sin embargo, esta vez las llamas alcanzaron de inmediato el toldo que protegía la entrada del local, y en apenas cinco minutos dos dotaciones de bomberos se afanaban en desplegar las mangueras, buscando el hidrante al que debían de conectarse. La cacofonía de sirenas y gritos se adueñaba del lugar. Cuando comenzaron a desplegarse las escaleras articuladas, el fuerte chirrido metálico bastó para hacer retroceder a la multitud que, curiosa, se arremolinaba frente al restaurante, no sin cierto desorden. De un respiradero del sótano, donde se almacenaban productos de limpieza, se elevaba una densa columna de humo negro, mezclada con vapores amarillentos.

Súbitamente, en la ventana del quinto piso, una persona se encaramó al alféizar, completamente desnudo. Solo llevaba, colgada al cuello, la placa identificativa que había conservado de su paso por el infierno.

Sgt. LEONARD B. KOWALSKY
32557038
1st Batt. 23rd USMC

Su rostro irradiaba tranquilidad. Y saltó al vacío.

Javier García
31.10.2026

TOMAS MORENO ha dit...
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AQUELLA MAÑANA CUANDO SE LEVANTÓ Y MIRÓ POR LA VENTANA VIÓ ALGO EXTRAÑO…

Con una taza de café humeante en la mano, miraba desplegarse el amanecer. Aún recordaba aquella mañana cuando se levantó y miró por la ventana vio algo extraño. Al trasluz, los primeros rayos de sol fueron los confidentes. El brillo de unos hilos plateados delataba una minuciosa y perfecta arquitectura. La sorpresa le hizo abrir los ojos a su máxima expresión. —¡una telaraña! —exclamó. Su asombro quedó posado en ella. Aunque se recriminó por la falta de limpieza, la obra de ingeniería que tenia delante tuvo más impacto, la belleza de su forma tan redonda, simétrica y perfecta la atrapó como un insecto más. Su asombro la llevó a preguntarse, como un pequeño arácnido puede crear semejante artesanía. Reconoció que no servía como decoración. Habría que quitarla,—¡ Ay con lo que le habrá costado tejerla!— expresó mientras de un manotazo la hizo desaparecer. Lo hizo confiado en la “artesana” y su entrega inmediata en un nuevo proyecto que sin reproche comenzaría. Aunque algo la hizo dudar.
MC GUARDIOLA

TOMAS MORENO ha dit...


AQUELLA MAÑANA ME LEVANTE Y AL MIRAR POR LA VENTANA VI ALGO EXTRAÑO.


Me reconforta recién levantada, saborear una taza de café humeante, mientras veo desplegarse el amanecer. Aunque todavía recuerdo aquella mañana cuando me levanté y al mirar por la ventana vi algo extraño, algo que seguramente llevaría tiempo y no fui capaz de ver. Los primeros rayos del sol fueron los confidentes. Al mirar al tras luz, vi el brillo de unos hilos plateados delatando, una minuciosa y perfecta arquitectura. La sorpresa me hizo abrir los ojos a su máxima expresión, ¡una telaraña!. Todo mi asombro quedó posado en ella, me recriminé por la falta de limpieza ,pero la obra de ingeniería que tenía delante tuvo más impacto. Su belleza me atrapó como un insecto más, tan redonda, simétrica y perfecta. El asombro me hizo preguntarme ¿Cómo un pequeño arácnido puede crear semejante artesanía? Seamos serios, a pesar de su encanto no puedo dejarla como mera decoración,¡ ánimo y fuera telaraña! Ay, con lo que le habrá costado tejerla y de un manotazo haré desaparecer toda la obra. Seguramente ella al instante siguiente comenzará un nuevo proyecto y sin reproches. Bueno eso creo.


M.Carmen G.C.